Una muestra de arbitrariedad judicial

¿Puede una simple similitud de indumentaria destruir la presunción de inocencia?

Alguien dijo una vez que “entre el acto del juicio y la sentencia hay un elemento irracional: el juez”.
Lástima no poder recordar de quien proviene esa cita, pues al recibir la sentencia de la que voy a hablar aquí, es lo primero que me vino a la cabeza.

Antes de proseguir, aclarar que este post es la continuación de “¿Cómo defender un hurto si ha sido grabado?“( La defensa de un hurto grabado ), así que lo ideal sería poder leerlo antes.

En resumidas cuentas, mi cliente fue para mi sorpresa condenado, en base únicamente a una similitud de indumentaria presente entre el sujeto que se percibe en el vídeo de las cámaras de seguridad y mi representado. Se alegó que se trataba de una indumentaria especial y muy característica, que sólo podía llevar una persona en concreto, y no la juventud en general, como alegó esta defensa.

Como mencioné en el post de cómo defender un hurto que ha sido grabado, en el acto del juicio oral, no fueron citados los policías que elaboraron el atestado para su ratificación, prueba crucial para la acusación, pues dichos policías fueron quienes aseguraron que reconocían sin ningún género de dudas al acusado, reconocimiento sin duda como mínimo sorprendente al no distinguirse rasgos faciales en el sujeto presente en las grabaciones.
Aun confiando en la visionaria capacidad de los policías, sin su ratificación en el plenario, dicha prueba carece de efecto probatorio, como ya sabemos. Ante eso, sólo quedaba el hecho de la similar indumentaria que presentaba mi representado el día de su detención con el sujeto que aparece en el vídeo de las cámaras de seguridad del local, similitud en todo caso algo superflua por tratarse de unas grabaciones en blanco y negro, por lo que resultaba del todo imposible contrastar las tonalidades de ambas indumentarias.

No siendo posible la comparación de las tonalidades, y menguando así cada vez más los posibles indicios incriminatorios, el juez se basó en el símbolo de la marca de la sudadera, y en que el sujeto era portador de una gorra.

No obstante, y así se hizo saber en el plenario, el hecho de portar una sudadera y una gorra no constituye en absoluto una indumentaria especial o característica, sino más bien creemos que todo lo contrario. Además, el juez añade que en la sudadera se aprecia el símbolo de una marca, y es precisamente este último detalle el que utiliza para enervar la presunción de inocencia. Una vez más, ya se hizo constar en el plenario que nada de extraordinario tenía aquella conocida marca de ropa, puesto que desde hacía años era altamente común, y sobre todo, entre la juventud.

A pesar de la evidente similitud de la sudadera, está convencida esta parte que esta semejanza de vestimenta no puede adulterar la presunción de inocencia, y más teniendo en cuenta que dicha prueba, constituye la única interpretada de cargo por el juzgador.  Existe jurisprudencia que refleja esta idea como por ejemplo la sentencia 74/2013 de la Audiencia Provincial de La Coruña, de 11 de marzo, que trata un supuesto muy similar en los siguientes términos:

“Por otra parte, el robo se cometió por una persona encapuchada y “de color”, factores ambos que dificultan la identificación, sin que la vestimenta pueda ser factor decisivo por la uniformidad que presenta entre jóvenes de una misma edad y aficiones o grupo social. El chándal con capucha es prenda de uso común y los colores se repiten”.

Y ahora viene mi pregunta: ¿Puede una simple similitud en la vestimenta como ésta, ser suficiente para que decaiga la presunción de inocencia? ¿Qué valor identificativo puede tener dicho indicio?

No obstante, ahora se avecinan ciertos datos plasmados en la Sentencia cuanto mínimo arbitrarios e inauditos.

Cito textualmente: “El acusado llevó a cabo su acción con una indumentaria muy característica y especial, utilizando para ello pantalones oscuros, gorra roja con una inscripción blanca en un lateral, y especialmente, una sudadera roja con una marca publicitaria muy significativa en blanco, con bolsillos y capucha”.

Y frente a estas líneas me pregunto sobre la desconcertante capacidad del juzgador para llegar a extraer tonalidades de una grabación en blanco y negro. Sin duda nos hallamos ante verdaderos iluminados de las pruebas vídeo gráficas, capaces de extraer datos que nadie más sería capaz de percibir. Para más inri, en el acto del juicio, el Ministerio Fiscal preguntó expresamente a la denunciante sobre el color de las grabaciones de las cámaras de seguridad, a lo que está textualmente respondió: “son en blanco y negro, porque la cámara de seguridad graba siempre así”.

Y es con este único y simple dato sobre las vestimentas, que el juez dicta una sentencia condenatoria. Dato encima contaminado por invenciones sobre colorido, y que apenas ocupa un párrafo de la sentencia.

Termino expresando que en mi opinión, dicho sea con todos los respetos, nos hallamos frente a un claro ejemplo de arbitrariedad judicial, con condena con una prueba totalmente inexistente.

En efecto, qué cierta es esa anónima frase… Entre el juicio y la sentencia hay un elemento irracional: el juez.

ACE

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