Reflexiones sobre un curioso caso de “receptación”.

El delito de receptar, para aquel que lo desconozca, consiste en ocultar, encubrir o aprovecharse de un delito anterior. Un ejemplo bastante gráfico y común sería el de comprar un móvil a bajo precio, a sabiendas de que es robado. A este delito se le llama “receptación“. El artículo 289 del Código Penal lo expone en los siguientes términos:

“El que, con ánimo de lucro y con conocimiento de la comisión de un delito contra el patrimonio o el orden socioeconómico, en el que no haya intervenido ni como autor ni como cómplice, ayude a los responsables a aprovecharse de los efectos del mismo, o reciba, adquiera u oculte tales efectos, será castigado con la pena de prisión de seis meses a dos años.”

Pues bien, hoy planteo un curioso caso de receptación, que introduzco a continuación:

Nuestra clienta es una persona que se dedica a trabajar con ONGs, realiza continuamente talleres de ayuda al desfavorecido, al extranjero, talleres en centros penitenciarios etc. Un buen día, un conocido de su barrio de nacionalidad búlgara, a sabiendas de que ella andaba en busca de un ordenador, le ofrece uno por 80€. Ella acepta, con la condición de quedar antes para probar que funcione. Una vez producido ese encuentro para comprobar el funcionamiento del ordenador, ella efectivamente lo adquiere por 80€. No obstante, días más tarde, al comenzar a trabajar con él, descubre que contiene una serie de fotografías y documentos de otra persona, en concreto de un chico llamado Pedro. Es al descubrir esa cantidad de documentos, cuando empieza lógicamente a interrogarse sobre la real procedencia del ordenador.
Al día siguiente, y aquí viene lo curioso del caso, ve al lado de su casa, al supuesto chico de las fotos y documentos del ordenador, a lo que se dirige a él averiguando: ¿Eres tú Pedro? Al responder éste de forma afirmativa, ella alega: “os han robado el ordenador ¿verdad?” Ella explica que se lo ha vendido un búlgaro por 80 euros, y que le gustaría al menos poder recuperar lo que ella ha pagado por él, para no perder el dinero. El chico acepta y quedan así para el día siguiente. No obstante, el chico había dado aviso a la policía, por lo que en el momento de hacer la entrega del ordenador, la policía intervino y detuvo a nuestra clienta, acusada por un presunto delito de receptación.

Paralelamente, Pedro había denunciado por un robo con fuerza en su domicilio, en el que le sustrajeron varios objetos electrónicos, entre ellos el ordenador.

Así pues, nuestra cliente fue denunciada por un delito de receptación en su modalidad agravada, por considerarse que destinó al tráfico el objeto receptado (pues intentó revender el bien). En su apartado segundo, el artículo 298 manifiesta “Estas penas se impondrán en su mitad superior a quien reciba, adquiera u oculte los efectos del delito para traficar con ellos. El juzgado que instruyó el caso, alega que le llama poderosamente la atención la tan improbable casualidad de encontrarse con la persona propietaria del ordenador, reconocerlo sólo por las fotos, y para más inri, dirigirse a él como aquí sucedió. El ministerio fiscal, pide actualmente 22 meses de prisión.

Debíamos distinguir siempre hasta ahora en cualquier caso de receptación, la diferencia entre una receptación procedente de un delito, y la procedente de una falta. Partimos de que la receptación constituye siempre un delito, pero si el bien receptado procede de una falta, la receptación únicamente se penaría en el caso de concurrir habitualidad. El concepto de habitualidad precisa un mínimo de 3 veces. En otras palabras, para condenar por un delito de receptación procedente de una falta, se exige que el receptador, haya cometido esa misma acción al menos 3 veces. En el caso de que fuese la primera vez, o incluso la segunda, la conducta resultaría pues atípica (no se penaría).

Pues bien, en este caso que nos ocupa, la acusada adquirió un ordenador de 8 años, tasado pericialmente en 100 euros. No obstante, como ese objeto provenía de un robo con fuerza, ya que, además del ordenador, fueron sustraídos una serie de objetos electrónicos que conjuntamente sobrepasaban de lejos los 400 €, mediante escalamiento, la receptación que se le imputa a la investigada es una receptación procedente de un delito y no de una falta.

Las reflexiones que personalmente me hago, y que me gustaría plantear en la vista oral, son las siguientes:

  • Cierto es que el ordenador provenía de un robo con fuerza. Y en el hipotético caso de que la acusada efectivamente tuviese conocimiento del origen ilícito del objeto, no podría aun así saber que conjuntamente con el ordenador, se hubiesen sustraído más bienes. No obstante, por exclusivos motivos de política criminal, a pesar de que la acusada no pudiese saber que dicho ordenador provenía de un delito de robo con fuerza, se le castiga igual que si lo hubiese sabido.
    Es comprensible por un lado, ya que el fundamento de dicha política criminal es evidentemente evitar que se destinen al comercio, los bienes que han sido obtenidos mediante ilícitos, ya que sin la figura del receptador, no sería posible. No obstante, opino que nunca está de más plantear al tribunal cualquier razonamiento jurídico si es sensato, aunque posteriormente no lo vayan a tener en cuenta. Me gustaría plantear lo injusto que resulta para el reo,  y que atenta contra varios principios constitucionales, como el de culpabilidad. ¿Debería ser legítimo utilizar este criterio de sanción? Si la persona acusada desconocía que el objeto provenía de un robo con fuerza, ¿porqué castigarle como si lo supiera?
  • En segundo lugar, a nuestra cliente se le pretende aplicar la agravante por tráfico. Es decir, que se le pretende imponer la pena en su mitad superior por considerar que pretendía traficar (vender por ejemplo) el objeto receptado. No obstante, debemos tener claro a qué se le considera traficar: ¿Se considera tráfico pedir en una ocasión, el mismo dinero por el que se ha adquirido el objeto? ¿Se considera tráfico esa acción aislada?
    En mi opinión, y según he podido comprobar, existe un sector doctrinal que precisa que exista un importante volumen de negocio con repercusión social; en tanto que otro sector doctrinal exige que haya una intención de comerciar de modo pseudo-profesional, porque de lo contrario, carecería de sentido la agravante, por castigarse ya en el tipo básico el ánimo de lucro. Es decir, que una sola venta aislada no constituiría  un indicio de la intención de traficar.

Se intentará pues, en el acto del juicio, la absolución por no cumplir los requisitos del tipo, al no poder demostrarse que la acusada tuviese conocimiento de que el ordenador tuviese un origen ilícito. No obstante, subsidiariamente, en el caso de que la acusada sea condenada por un delito de receptación, se procurará retirar la agravante de tráfico.

ACE

 

 

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