El Caso Goetz y la legítima defensa

¡Hola a todos!

Para quien no lo sepa, el caso Goetz tuvo lugar en Nueva York en el año 1984. Sucedió que, Bernhard Goetz, un hombre blanco de treinta y seis años, al subir en el metro de NY, se topó con cuatro hombres negros que se le acercaron y le pidieron cinco dólares. Ante esta petición, Goetz simuló no haber escuchado nada, pero uno de los jóvenes volvió a repetirle que les entregase el dinero. Ante esto, Goetz abrió su chaqueta, sacó una pistola cargada y disparó a los cuatro jóvenes, quedando uno de ellos tetrapléjico, como consecuencia del disparo. Goetz se dio a la fuga, pero terminó entregándose nueve días más tarde.

El juicio a Goetz atrapó la atención de todo Estados Unidos y, sin duda, se convirtió en uno de los más mediáticos en EEUU. Fue acusado de lesiones y tentativa de asesinato, pero Goetz alegó que actuó en legítima defensa. Manifestó que sintió miedo por su vida, dado lo habitual que eran en Nueva York los atracos violentos producidos en el metro, sobretodo por personas de color. El fiscal hizo una pregunta clave al Jurado para explicar la legítima defensa : “¿Cuál hubiera sido la reacción normal de cualquier persona razonable? ¿Hubiese sido directamente la de disparar?”

Pues bien, el Jurado absolvió a Goetz de los cargos de lesiones y tentativa de asesinato. Simplemente fue condenado a ocho meses de prisión por tenencia ilegal de armas. Pasó a ser conocido como “el héroe del metro”, puesto que había dado su merecido a cuatro delincuentes, y había vengado a todas esas personas que vivían atemorizadas, por los episodios diarios de violencia, que acaecían en el metro de NY.

¿Dónde están los limites de la legítima defensa?

Ya el filósofo Carnéades de Cirene explicó mediante un experimento mental conocido como “la tabla de Carnéades”, el concepto de “defensa propia” en lo referente al asesinato/homicidio. Pues bien, el experimento es el siguiente:

Hay dos marineros que han naufragado, A y B. Ambos ven en el mar, una tabla de madera en la que poder apoyarse para sobrevivir, por lo que comienzan a nadar hacia ella. El problema es que sólo cabe uno de los dos. El marinero A logra llegar primero. El naufrago B, que va a ahogarse, empuja a A lejos de la tabla, lo que provoca que A se ahogue. El B consigue pues la tabla y se salva más adelante gracias a un equipo de rescate.

Este experimento plantea si el marinero B podría ser acusado de asesinato porque tuvo que matar a A para sobrevivir, o si, por el contrario, se le aplicaría la defensa propia.

Es muy difícil saber si en el caso de Goetz, verdaderamente actúo de esta forma porque sintió un fundado temor por su vida y no vio otra posible alternativa.

En mi opinión, creo que en nuestro país lo hubiesen condenado, al menos por lesiones. Aquí, los requisitos para que se pueda apreciar esta eximente de legítima defensa aparecen en el art. 20.4 C.P. :

Primero.Agresión ilegítima. La agresión será una acción humana libre, consciente y voluntaria que agreda un bien jurídico protegido (derecho vida, libertad sexual, etc) propio o de un tercero.

Segundo.Necesidad racional del medio empleado para repeler la agresión.  Es decir, si no existe otra opción más que emplear ese medio por no tener cerca a ninguna autoridad pública y también se tiene en cuenta la proporcionalidad del medio empleado para repeler la agresión.

Tercero.- Falta de provocación suficiente por parte del defensor. Es decir, que la conducta del agresor no puede estar motivada porque previamente se le haya provocado.

¿Existe alguna figura afín a la legítima defensa que podamos alegar en un caso similar?

Una posibilidad sería la figura del “miedo insuperable”. El código penal alega que “está exento de responsabilidad criminal el que obre impulsado por miedo insuperable”.

Algunas Sentencias del Tribunal Supremo, 631/02,11 abril; 172/03, 6 febrero enuncian las condiciones que deberán presentarse para poder hablar de “miedo insuperable”:

 Que el sujeto obre impulsado por un miedo insuperable:

– Es decir, será necesario la presencia de un temor que coloque al sujeto en un estado emocional de tal intensidad que le prive del normal uso de su raciocinio, y provoque la anulación de su capacidad para autodeterminarse.

– Asimismo, se exige que el miedo este inspirado en un hecho efectivo, real y acreditado, y sea insuperable por el sujeto, o lo que es lo mismo, invencible, en el sentido que no sea controlable por el común de las personas. Para calibrar la insuperabilidad del miedo, la Jurisprudencia acude a conceptos tales como “al común de los hombres y a la generalidad de las personas”, y es por ello por lo que la circunstancia de que tratamos no es aplicable a los timoratos, pusilánimes o asustadizos que se sobresaltan y atemorizan ante cualquier contratiempo.

–  Que el temor sea el único móvil de la acción

¿En qué se diferencian  entonces las figuras de legítima defensa y miedo insuperable?

Pues bien, aparentemente pueden parecer dos figuras idénticas. No obstante, hemos de saber que aquél que actúe en “legítima defensa”, lo hará con arreglo a derecho, puesto que será una causa de justificación legítima. Sin embargo, quien obre movido por “miedo insuperable”, no actuará legítimamente, sino antijuridicamente, puesto que el hecho en sí, continúa siendo ilícito, aun cuando después resulte exento de responsabilidad criminal.

ACE.

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