“El dolo de ímpetu”

Hace ya varios meses, acudí a un juicio por tentativa de homicidio contra dos personas que presuntamente habían actuado conjuntamente para empujar a un tercero a las vías justo en el momento en el que pasaba el tren.

Intentaré brevemente introducir el caso: una mañana, después de haber pasado la noche en una discoteca, varios grupos de jóvenes se dirigieron a la parada del metro para volver a la ciudad ya que la discoteca se hallaba algo lejos, en un pueblo. Así pues, una chica fue a pedir un cigarro a varias personas de otro grupo desconocido. A raíz de ahí, y como parece ser que se burlaron de la chica, decidieron intervenir amigos de ella en su defensa. A partir de ese momento, comenzó la pelea entre varios chicos de los dos grupos, que repito no se conocían de nada. Lamentablemente, dicha pelea terminó con que se arrojó al chico que había salido en defensa de su amiga a las vías del tren, en el momento en que éste llegaba a la estación.

La Sala acusó a dos de los chicos de ponerse de acuerdo, ya que uno solo no podía, para arrastrar a la víctima hacia las vías, y posteriormente empujarlo a la llegada del tren, con la única intención de matarlo.

Así pues, poniéndonos en el hipotético caso de que esto fuese como lo argumentaron la acusación y el Ministerio Fiscal, suponiendo que realmente se pusiesen los acusados de acuerdo para conjuntamente arrojar a la víctima a las vías, al menos a mí se me plantea una pregunta esencial: “¿Por qué ponerse de acuerdo para matar a una persona que no conoces? , ¿Cuál es el móvil del intento de homicidio?

Respondió a estas preguntas el Ministerio Fiscal, argumentando que el Código Penal no dice en su artículo 138 “El que matare a otro por tal cosa o tal motivo”, simplemente se limita a decir “El que matare a otro será castigado, como reo de homicidio…”. Es decir, el Código no necesita que exista ningún motivo para matar, y con esto la Fiscal explicó lo que era el “dolo de ímpetu”, concepto que escuché en esa sesión por primera vez. El dolo de ímpetu pues se refiere a que la intención delictiva se crea en el mismo momento, y se ejecuta sin prácticamente intervalo entre la idea y el hecho.

Asimismo, siguió argumentándose que si su actuar obedeció a un repentino arrebato, ese estado emotivo no desvirtúa la intencionalidad de su conducta, pues precisamente “el dolo de ímpetu consiste en la conciencia y voluntad de dañar la integridad personal de otro, cualquiera sea la magnitud del daño, de modo que uno u otro resultado nocivo (lesiones o muerte) le pertenecen al sujeto por haber sido presupuestados directa y coetáneamente en su conocimiento y querer, así exista por dicho estado de ánimo una parcial superposición de la decisión y la ejecución del acto (C. S. J., Sala de Casación Penal, sentencia del 14 de julio de 1999, M. P. Jorge Aníbal Gómez Gallego).

Una vez que sabemos la existencia de este “dolo de ímpetu”, la pregunta que al menos yo me hago es realmente pudo surgir de un momento a otro este dolo, esta intención conjunta de matar instantánea? ¿No sería más bien que su intención sí fue la de lesionar, pero nunca la de matar? ¿Qué opináis sobre este dolo de ímpetu?

ACE.

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